CAPITULO 1.- RAICES
CREADOR: DGRG (G—G/Súper—Fics)
CO—CREADOR: JOSE MIGUEL CORREA (El Rincón de Josmy)
Para mis padres soy Scott Inkson.
Para mis amigos, Scott.
Para mis compañeros “anti—social”
Para mí, solo soy yo, un chico normal de 17 años
enojado con el mundo por que le salen barros en la cara, porque la gente tira
basura y porque la sociedad no entiende los problemas adolescentes… excepto
claro, que nada de esto es verdad.
Camino por la calle pateando una pequeña piedra que
se ha topado con mi zapato hace unas 2 cuadras, la pateo tratando de no
alejarla mucho de mí, algunas veces siento que avanza sola, pues camina junto
conmigo. Miro mas a la piedra que al camino y antes de poder voltear, ya están
ahí, al final de la calle.
Su sonrisa es tan amplia que juraría que le puedo
ver las muelas, es como un cachorrito; se pone feliz con solo verme.
Se dirige hacia mi mas corriendo que caminando y se
detiene a un lado mío alzando su mano derecha en un ademan de saludo, la imito
y caminamos. Llegamos a la esquina donde antes estaba parada y lo
saludo, el en cambio no se movió ni un centímetro de ahí, solo espero a que
nosotros llegáramos, como el flojo que es.
— ¿Sigues dormido? —pregunta mientras pasa una mano
por mi cara, lo cual me molesta un poco.
—Para nada Zen ¿por quién me tomas? ¿Por un flojo
como tú?— Me mira algo sorprendió por mi respuesta tan “a la defensiva” y se
pasa una mano por su cabello rubio que no ha hecho más que crecer en los
últimos 2 años, ya le llega a tapar casi el cuello, y es que, se lo corta de
los lados pero no de atrás, no sé que quiera lograr con ese corte, además de
asustar, claro.
— ¡Eh miren! ¿Ese no es nuestro camión? — su grito
rompe el silencio incomodo que se estaba empezando a formar y su sonrisa que no
ha desaparecido se ensancha aun mas y señala hacia la calle, vacía.
—Oh, ¡Bravo!— Grita Zen mientras aplaude como un
niño que acaba de ver el truco de magia más asombroso del mundo.
—De nada querido publico—Ella hace una reverencia y
simula tener un sombrero y quitárselo para agacharse, con lo cual, solo logra
que sus rizos castaños caigan a su cara y la hagan parecer “la niña del aro”,
Zen ríe por la escena y sube, después sube ella tratando de acomodarse el
cabello, aunque sabemos que es imposible, iba perfectamente peinada hasta que
decidió hacer su “acto de magia”, yo por otra parte le hecho una última mirada
a la piedra que se encuentra en mis pies, le doy un susurro de “adiós” y me
subo al camión, este empieza su movimiento y me veo obligado a poner mis manos
en los asientos para no caer y hacer el ridículo.
Ellos ya están al final del
camión, nadie se sentaba ahí, así que nos adueñamos prácticamente de esa parte
y ahora es “nuestra”, curioso, pues nadie más se pone atrás, lo cual nos da
completa libertad de hablar sin temor a ser escuchados.
Me incorporo al asiento, en medio para ser más
preciso y bajo mi mochila a mis pies para darme mayor facilidad al sentarme.
— ¿Erika, tienes planes para este viernes?—pregunta
Zen ignorando completamente mi presencia.
—Estaré tan sola como mi madre— dice Erika mientras
suelta una especie de risilla traviesa. Su madre es soltera, bueno, alguna vez
obviamente estuvo con alguien, Erika no es obra divina del cielo ni nada por el
estilo.
He tenido la “suerte” de conocer a su madre en
persona…al principio se me hacia bien a la vista, digo, no es guapa, pero,
tampoco es que espante... Hasta que la pude conocer bien… Esa mujer es el
demonio andante, insoportable, gritona, arrogante, indeseable… si empiezo con
su gran lista de defectos no termino. Erika a menudo hace bromas de cuan odiosa
es su madre, o las diferentes formas en las que su madre le hace la vida cuadritos por el simple hecho de existir.
Ella, como es de esperarse, jamás se ha molestado en
enojarse con su madre, o en odiarla, como haría cualquier adolescente con una
madre así, en cambio, ella sonríe y nos platica cosas horribles que su madre le
hace, aun con su sonrisa en el rostro, y horrible es poco.
Esa forma de enfrentar a los problemas, de darle
sentido a la vida, de ir con la mala suerte, sonreírle y gritarle; “¿sabes? No
me importa lo que pase, seguiré sonriendo” es una de las tantas cosas que
admiro de esta mujer que está a mi lado, es tan fuerte a su manera...
Zen y yo sonreímos con ironía al recordar el
carácter de su madre, captando el chiste.
—Vale— Suelta Zen aun con la sonrisa— ¿Qué te parece
ir a comer o algo por el estilo?
—Claro— Erika le devuelve la sonrisa y yo contraigo
la cara…estos dos están ligando en mis narices.
Lo siguiente en el camino pasa con regularidad,
hablamos de cosas triviales y bajamos cuando llegamos a la escuela, nos
despedimos de Erika, ya que a diferencia de Zen y yo, ella tiene una clase
diferente, después nos encontraremos en Matemáticas, pero eso es mas tarde.
Caminamos con tranquilidad por el pasillo,
el con sus manos metidas en los bolsillos como de costumbre, y yo con una mano
en la remera y otra sosteniendo la mochila, llegamos a nuestros casilleros que
están uno al lado del otro, color azul eléctrico que simplemente me encanta.
El abre su casillero con la combinación 15, 08, 74,
que sé de memoria gracias a que tengo un buen oído y que aparte, soy un mirón. Se acomoda
un poco el pelo, rubio verdoso, seguido de eso, saca sus libros de primera hora, y puedo
notar como casi se quiebra el cuello volteando a ver a una chica que le guiña
el ojo y él le devuelve el guiño.
— ¿Qué no iras a comer con Erika?—Pregunto con
rabia.
Lo sé, lo sé, lo sé, lo sé, lo sé, lo sé…
Sé que no es asunto mío, pero Erika es mi amiga y
Zen mi —probable— mejor amigo, no puedo dejar esto al aire.
— ¿De qué hablas?— Ahora se hace el
desentendido, ruedo los ojos, cierro el casillero y suelto, casi escupiendo las
palabras:
— ¿Qué no se supone que tu y Erika….? —Dejo
incompleta la frase esperando que la campana me salve, tal y como pasa en las
películas o algo por el estilo, pero, como mi vida no es una maldita película,
la campana salvadora jamás llega, y mis palabras se disuelven en el aire, y a
Zen parece no haberle importado en lo más mínimo la pregunta.
— ¿Bromeas? Es solo una salida de amigos ¿sabes? —
si es así ¿Por qué no me invitaron? Se supone que somos amigos ¿no?
No tengo el suficiente valor como para preguntarlo,
aprieto los labios y la mano que sostiene la mochila fuertemente, al parecer
Zen se da cuenta porque abre la boca, listo para explicar, pero, yo no quiero oír
su explicación, me doy la media vuelta, casi robóticamente y me dirijo a el
salón de clases de nuestra primera hora.
Entro y la maestra esta acomodando sus cosas,
preparándose para un nuevo y de seguro fastidioso día. Me siento donde siempre
lo hago y espero a que la campana se digne a gritar, y que por lo menos me haga
el favor de que sea antes de que venga Zen con su explicación, pero claro, si
la campana no me salvo antes, ¿Por qué lo haría ahora?
Veo a Zen en el marco de la puerta, titubea entre
entrar y decirme algo, o simplemente
quedarse ahí y hacer como si nunca hubiera pasado nada.
Me mira, inhala tratando de sostener el mayor aire
posible, haciendo que su pecho se infle y le dé una postura de hombre fortachón, camina un par de pasos, abre la boca y me
mira.
—Scott…no es que no nos agrades, nos agradas, lo
sabes, es solo que algunas veces—hace una pausa y mira
hacia todos lados menos a mí, conozco esa mirada, es la misma que yo puse hace
unos minutos, quiere que la campana lo salve, pero, como la campana es pareja,
no llega el chillido, no al menos ahora y se ve obligado a hablar—
eh… no lo sé… algunas veces es mejor estar sin ti.
Auch.
¿Qué si dolió? Claro que dolió, me acabo de enterad
que las personas a las que yo llamaba “amigos”
no les caigo del todo bien… No sé cómo sentirme acerca de esto, no he
tenido muchos amigos en mi vida, y los pocos que tuve no me decían estas cosa ¿Debería
estar enojado? ¿Aliviado? ¿Deprimido? ¿Feliz?
Opto por el silencio, que rodea siempre mi boca, no
es un sabor desconocido, claro está. Zen se va a su asiento cabizbajo, que es 3
banquillos más atrás que el mío, no sé si se sienta bien o mal con lo que me
acaba de decir pero no lo veo sonriendo.
Las horas pasan con regularidad, evito a ambos en
todo mi receso y me voy a comer con un par de chicos con los que compartía frases
amistosas en la secundaria, finalmente, llega la dichosa salida, tomo la
mochila y sin importarme nada ni nadie me dirijo a la puerta principal, piso el
césped del patio delantero tan rápido y fuerte que creo que mis tenis quedaran
manchados de verde ¿a quién le importan las malditas plantas? Soy yo el que
tiene la necesidad de salir rápido de este lugar, quisiera correr, pero sería
muy raro y atraería miradas, si lo hago, me encontraran, aunque, tal vez ni
siquiera me están buscando.
¿O sí?
Ah, esa voz es tan conocida, la he oído tantas veces
pronunciar mi nombre que no sé si es realidad o solo una mala pasada que me está jugando mi mente.
Camino más rápido esperando a que la voz en mi mente
cese, pero no lo hace.
—Scott ¡Para por favor!
Ok, creo que es real…es Erika.
Sus gritos solo me hacen acelerar el paso, estoy
casi corriendo y puedo oír que ella lo hace, se escucha agitada y sus pasos
están cerca de los míos, si me ha seguido, ha sido por mucho tiempo.
Se acerca
mas y mas a cada minuto, ya dejamos la escuela una cuadra atrás y ella aun no
se detiene, hora de correr.
Sostengo fuerte mi mochila para que no resbale de mi
espalda, cada trote hace que los libros se me encajen como cuchillas, uno
grueso pega sin piedad en mi columna vertebral, reconozco ese grosor, es el
libro de álgebra avanzada….jamás me gusto el álgebra.
Corro lo más rápido que puedo y poco a poco escucho
la lejanía de los pasos de Erika, sigo sin voltear, pero sé que está cansada y
no durara mucho más así. Finalmente, los gritos y pasos se quedan atrás y me
doy la dicha de voltear solo para confirmar que ya no está, me doy unos
segundos para tomar el aire que salió sin permiso durante el pequeño “maratón”
de “atrápame si puedes”, me agacho y
poso mis manos sobre mis rodillas, bajo la mochila al suelo, la abro y tomo el
libro de álgebra avanzada y lo golpeo contra mi espalda.
—Fuiste tú maldito…— le susurro con
rabia al libro mientras me sobo la espalda, no me di un golpe tan fuerte como
el anterior, solo fue un tanteo, quería comprobar que ese era el libro que me
había dado en la espalda y que de seguro, me dejara moretón.
La gente que pasa me mira extrañada, me golpee yo
solo con un libro y después le susurre algo, han de pensar que soy un loco
masoquista.
Camino unos pasos hasta el final de la calle aun con
el libro en mano, justo al filo hay uno bote de basura color azul, deposito el
libro con rabia, me da igual que falte medio año de escuela, no quiero volver a
ver al libro jamás.
Sé que, en parte no es su culpa, era yo el que iba
corriendo, pero aun así no puedo desquitar mi rabia con ninguna otra cosa, así
que sigo mi camino mirando al piso con el ceño fruncido.
Camino lento por una de las banquetas de un viejo
puente, abajo hay un río que no lleva mucha corriente y gracias a la
contaminación, con los años, ha tomado un horrendo color verdoso y un fétido
olor parecido al del pescado muerto y tierra sucia.
Recuerdo con nitidez a mi padre, cuando en mi niñez
solía traerme a este rió, pescábamos, jugábamos y de vez en cuando mi madre nos
dejaba acampar en la orilla, cuando no apestaba a nada, claro.
El solo recuerdo hace que una media sonrisa se
dibuje en mi cara mientras camino sobre la orilla, me detengo a medidos del
puente, levanto la mirada y veo el antes y el después de este pequeño río.
“— ¿Qué te ha hecho el tiempo? —pregunto
hacia mis adentros nostálgico— Solías ser hermoso, la gente te
visitaba a montones, irradiabas el olor de la naturaleza ¿y ahora?”
Inhalo hondamente, dejando que mis pulmones se
ensanchen y se llenen de este… de este… Fétido olor…
Arrugo la nariz ya que no me parece agradable lo que
huelo y toso un poco para dispersar el olor. Definitivamente no es el lugar que
recordaba, mi padre estaría igual de decepcionado que yo con esto, era nuestro
lugar favorito.
Mi padre, mi madre, ponerme a pensar en ellos no es
una buena idea, pero no puedo quitármelos de la mente, el río a logrado que
recuerde cosas que creía olvidadas. Recuerdo sus sonrisas, sus voces que suenan como ecos pronunciando mi nombre a la lejanía, sus miradas llenas de cariño…
sus miradas llenas de vida.
Una luz que se los lleva, su recuerdo se borra y yo
entrecierro los ojos ¿una luz? Si, blanca y resplandeciente.
Se siente tan real, parece que cada vez se hace más
grande…No, espera, no parece, se ESTA haciendo más grande y ¿Qué es eso que
oigo? ¿Un claxon? No entiendo… ¿una luz? ¿Un claxon? … Un auto, oh… es un auto,
pero, ¿qué hace un auto en la mitad de la baqueta de un puente?
Miro a mis pies y veo que no estoy en la banqueta
del puente, sino a mediados de el.
“—Reacciona Scott ¡Sal de aquí!”
Pienso y despierto de mi sueño, pero no será suficiente,
el auto esta cerca y ahora puedo ver más allá de sus luces, una, dos, tres….
Tres personas a bordo, es un carro normal, color rojo, es bonito.
Corro hacia mi derecha en un intento de esquivarlo,
pero el auto gira a su izquierda, lo que quiere decir que viene directo hacia
mí, al parecer él quiere terminar con lo que empezó.
Pero no quiero morir… ¿o sí?
“Bien, si él viene hacia mí, yo voy hacia la
izquierda— pienso intentando que mi corazón no se salga de mi
pecho—
Rápido Scott, o aquí quedas.”
Las llantas me pasan rosando y puedo sentir el
fuerte viento que me topa de costado, me he salvado, mi corazón palpita
ligeramente mas despacio, pensé que moriría pero… ¿Qué hay de la gente que iba
a bordo? Según pude ver era un niño y sus padres.
Volteo hacia atrás y veo una gran conmoción, además
de gente saliendo de sus autos para ayudar a las víctimas del accidente que…que
yo provoque.
Pero…las llantas están arriba…minuto, esta volteado,
el auto rojo que venía hacia mí se ha
volcado, pero… ¿En qué momento? ¿Cuándo? Ni siquiera he podido oírlo, todo fue
tan rápido y ruidoso como el claxon que
se oye detrás mío.
¡El claxon que se oye detrás mío!
Dios, he olvidado que aun sigo en el carril
izquierdo, justo en medio del puente.
Volteo y vuelvo a ver esas luces infernales que se
dirigen hacia mí incluso más rápido que las anteriores, esta vez es una
camioneta gris, un solo conductor, pelo negro, lentes, barba de 2 días y con la
misma cara de asustado que yo.
—“Soy un tremendo idiota”
Pienso por último, antes de ser impactado por la
camioneta, el vidrio duele más de lo que pensé….creo que se me quebraron las
piernas… pero, ya no las veo… ¿estoy… volando?
Sí, estoy volando.
Menudo impacto que a de ver sido para que…. Para que
me mandara volando fuera del puente…
Puedo verlo, aun puedo ver la camioneta, esta
descontrolada en el puente, tiene mi sangre en todo el vidrio delantero y a
prendido los limpia parabrisas para apartarla, pero la sangre no se quita tan
fácil, así que solo logra esparcirla, supongo que su visión a de ser nula en
este momento.
Finalmente, veo como se estrella contra un auto
parado en la conmoción de la volcadura del coche rojo, y dejo de ver el puente,
siento como bajo de altura, siento como golpeo fuertemente el suelo, siento
como muero.
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